LA POSICIÓN DEL MENOR EN LOS PROCESOS DE DIVORCIO

El impacto emocional de los menores en divorcios y custodia compartida es uno de los factores más importantes. No hay más que acordarse del reciente y mediático caso de Juana Rivas quien tras perder la custodia de sus hijos en Italia y descontenta a la vez que desapamparada con las soluciones que la Justicia española le ofrecía, decidió desoír los mandatos judiciales y esconderse junto con sus hijos con tal de que éstos no le fueran entregados a su expareja, residente en Italia, quien ofrecía una custodia compartida.

https://elpais.com/tag/juana_rivas_gomez/a
Niño en medio de divorcio entre padres


En casos así, asistimos a interpretaciones normativas y procesos que deterioran su fin. Nos encontramos con tres puntos fundamentales:

  • Los padres no son capaces de coordinarse entre ellos para el cuidado de sus hijos.
  • Los menores no tienen la oportunidad de crecer y desarrollarse en un ambiente propicio
  • La suma de los dos anteriores puntos, terminará por afectar a los menores en su vida adulta.

Lo principal en estos supuestos es el llamado ‘interés superior del menor’, que es fundamental en la custodia compartida. Este sistema es el más empleado por los Tribunales para regular las relaciones entre padres e hijos en estos casos.

El interés superior ha sido definido por los expertos como aquello que beneficia a los menores. Por tanto, debemos entender dicho beneficio de la forma más abierta posible (de manera material, social o psicológica, entre otras). Es decir, todo aquello que resulte favorable a su dignidad personal, la protección de sus derechos, su desarrollo integral y el de su personalidad. Es, en definitiva, el núcleo de cualquier decisión que, en este tipo de procedimientos, haya de tomar el Juez.

Este ‘interés superior’ del que hablamos, es el causante de que se fijen, por ejemplo, pensiones de alimentos dignas. Y hablamos de dignidad porque así lo define la jurisprudencia: es lógico fijar una cuantía que sirva a su fin. Para ello, se ha definido también el ‘mínimo vital’, del que ya hemos hablado anteriormente. Mediante este mínimo, se logra que quede asegurada la satisfacción de las más básicas necesidades del menor.

Y no se da solamente en cuanto a los alimentos: también articula de igual forma el resto de aspectos. Así, la custodia o el régimen de visitas estarán igualmente supeditados a protegerlo. Si en su fijación, un Juez vulnera el interés superior del menor, cabe recurrir la resolución para que se anule. Se valorará si se situó otro interés por encima del del menor y, siendo así, se rectificará la decisión tomada.

Por ello, las parejas con niños que pongan fin a su relación deben comprender la prioridad: salvaguardar ese superior interés. Deben ser capaces de poner de su parte para contribuir a ello. Conviene que se muestren receptivos y comprensivos con el otro progenitor, aunque sea difícil. Que cada uno cumpla sus obligaciones será lo que asegure el bienestar del niño. También ayudará enormemente poder mantener una mínima comunicación y una coordinación que ayude al adecuado desarrollo de sus hijos. La existencia de un ambiente crispado es contraproducente para el menor, por lo que se deben esforzar por eliminarlo.